Casa Enlatada

Contenedores marítimos, construcción alternativa y varios etcéteras

De cómo una mudanza te hace repasar tu vida…

la hermandad de los bigotes

Ando juntando mis cacharpas, aprontando todo para llevarme los muebles a Treinta y Tres dentro de poco. Y decidí dejar un montón de cosas, porque no entran en el container que quiero tener, porque nunca las uso, porque nunca me gustaron pero era lo que había en su momento, y ahora siento que ya han cumplido sobradamente su función….

Asi que hoy andaba dando vueltas por la casa, viendo qué tiro (o doy) y que me llevo, y me dió por tratar de acordarme de cuando había conseguido cada cosa, o cómo había llegado a mis manos.

Y de repente me dí cuenta de varias cosas. La primera, soy una afortunada de haber vivido con gente, como mi hermano por ejemplo, que me enseñaron a tirar. “Mija, si no usa, tire, ¿para qué guarda porquerías?”. Tal cual. Mirando para atrás, hace tres años cuando me mudé tiré montones de cosas, y ahora pienso hacer un arrase. Es una suerte que no me ate a casi nada de las cosas de la casa. Salvo los gatos, que son imprescindibles, y un par de cosas que son recuerdos queridos, el resto de las cosas se pueden evaporar que, la verdad, no me complicaría demasiado.

A qué viene esta introducción, bueno, es que mirando las cosas de la casa, me di cuenta de que me gustaría arrancar casi de cero. Ni un solo plato, ni una sola taza o ropa vieja viajará a Treinta y Tres. Solo algunos muebles, alguna ropa, los gatos y yo. Y los recuerdos.

De cada época que viví en Montevideo tengo cosas que he conservado.

De los años de pensión de estudiantes (como seis) me queda un cajón grande que ha sido mesa de luz, armario y de todo. Ese va para el container, junto con las chancletas de bañarme, que aunque cueste creer, las tengo desde que me vine a Montevideo (interminables esas chinelas de playa brasileras). Y las ollas que me regaló mi madre…

De la pensión de laburantes en la que viví después tengo un par de mueblecitos y un acolchado… Tres años de mi vida pasaron ahí, y salvo recuerdos de caras y voces, no queda casi nada.

Del apartamento de Barrio Sur tengo casi todo, al fin y al cabo cuando me mudé no tenía casi muebles. Compré casi todo en remates… Pero solo los electrodomésticos y la biblioteca se salvan, casi todo el resto ni pisa mi container por venir.

Y después están las cosas que otros me dieron. Una botella de vidrio azul, que el Negro Marcos me regaló. La que tenía se había roto, y como él sabía que me gustan, se pateó todo Tristán Narvaja para conseguirme otra. Esa seguro va a ocupar un lugar de honor en mi vida nueva, para prender la vela que tiene puesta y tomar un mate a la salud de una de las personas que más ha contribuido a hacerme feliz. Y el reloj de pared de los abuelos, que todavía anda y toca las campanadas y me recuerda a mi infancia… Y el avioncito de madera y la lechuza de cerámica que me compró mi padre en el Mercado de los Artesanos. Y el Morocho, que llegó por el techo y me adoptó y me ha tapado a ronroneos y mimos por casi ocho años.

De la casa de ahora me llevo un árbol de mimbre chiquito, y un naranjo de 10 cms de altura, y un jazmín y un colgante de vidrio (hecho por ella, precioso) que me regaló Nannina. Y la teja pintada, divina, que me regaló Victoria. Y dos gatas más, la Chiqui y Victoria. Una la adopté yo, tan diminuta que se acurrucaba en la palma de mi mano y sobraba lugar. La otra me eligió ella a mi como compañera de camino. Se mudó a mi árbol del frente y se negó a irse por dos semanas, hasta que entendí que esta era la casa donde había elegido vivir… y la dejé entrar.

Lo que quiero decir es simple. Todo lo que de verdad vale la pena, o  está vivo (sea gato o planta) o es un objeto que representa a alguien que amo. Todo lo demás, lo que cuenta, está en mi cabeza, en los recuerdos. Las risas en las pensiones, las historias de vida y los mates compartidos. Los años compartiendo casa con el Negro, que fue y será siempre mi amigo, mi hermano del alma. La gente que se quedó un tiempito en mi casa, Héctor y Luciana, el Curucho, Sergio y Martín, el Negro Arce…

Qué recuerdos… Es gracioso, que cuando armé mi lista mental de cosas que se guardan y cosas que se tiran, lo que se guarda y va a la casa nueva son casi todos regalos. Las cosas que me regalaron mis padres y hermano, las que me dieron mis amigos… Las cosas que yo compré, esas son las que están en la lista de cosas que se pueden descartar. Las otras, las que me cuentan de gente que quiero, que compartió mi vida, esas son las cosas que quiero guardar.

Por eso estoy escribiendo esta nota, porque muchos de ustedes han compartido momentos de la vida conmigo. Quiero que sepan que esta mudanza me ha hecho volver a pensar en todos ustedes, y aunque suene a frase sensiblera (que yo las odio), igual se los tengo que decir: siguen conmigo, a diario, vívidos en mi memoria. Sobre todo las risas, lo primero que yo recuerdo de alguien es la risa, supongo que porque la memoria elije qué conservar, y yo guardo risas, y caras, y sonrisas… Los quiero.

PD: Moraleja: Las mudanzas son como las borracheras en las guitarreadas, en los dos casos, la gente se pone sensible y le da por colgarse del hombro del amigo más cercano (gesto que tiene doble utilidad, primero demostrarle al otro que lo querés y después mantener la vertical, que no es menor), y en ambos casos, con voz gangosa, una arranca a explicarle al otro que lo querés mucho y que es flor de persona y que “yyyyyyyyop (hip) te quiedddddo muuuuucho (hip), vó”

Asi que, sepanló, las drrrrisas de todoshhh ustedeshhh drrresuenan en mi cabeza (hip). Gdacias. Muuu Uu chas gdacias, a todos ustedessshh (hip), que han hecho que eshtos primedos (hip) cuadenta aññños de mi vida (hip) estén llenos de recuerdos lindos (hiiiiip). Los quiedo. A todos, LOS QUIEDDDDDDOO (hip). Salú.

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5 comentarios el “De cómo una mudanza te hace repasar tu vida…

  1. Marcos
    5 mayo, 2011

    Lo reconozco: estoy un poco enojado. Pero no lo suficiente. Siempre contigo. Marcos

    • Inés I.
      6 mayo, 2011

      Lo sospeché desde un principio, pero de verdad que te traté de llamar (y mi estado avanzado de vagués no es nuevo, te debo una visita de fin de semana completo, este año :)

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Esta entrada fue publicada el 19 abril, 2011 por en PERSONAL.

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