Casa Enlatada

Contenedores marítimos, construcción alternativa y varios etcéteras

NAVEGANDO (1): Introducción (o La culpa es de Stephenie Meyer)

ATENCIÓN, PUBLICADO POR NABA POR ERROR, ESTÁ INCOMPLETO, VUELVA MÁS TARDE :)

TA, LO TERMINÉ, PERO CREO QUE VOY A DEJAR ESTE AVISO ASÍ ME RECUERDO A MÍ MISMA QUE EL BOTÓN QUE HAY QUE CLICKEAR ES EL QUE DICE “GUARDAR BORRADOR”, NO EL QUE DICE “PUBLICAR” (SERÉ ZAPALLA). EN FIN…

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Las eras de la humanidad

Pues si, algún despistado se debe estar preguntando quién es esa Stephenie Meyer y de qué la acuso tan livianamente. Ah, y además qué cornos tiene ella que ver con los blogs.

Pues Stephenie Meyer es la autora de una serie de varios libros altamente insufribles con temática de vampiros. No cualquier vampiro malo como nos tienen acostumbrados en las películas, nooooo, estos son vampiros buenos, buenísimos. Y aburridos hasta decir basta. Peeeeeeeeero esta señora y sus libros soporíferos son los culpables de que yo haya terminado escribiendo este blog. Bueno, en realidad son culpables de que yo empezara a leer sobre casas chiquitas y energías alternativas y un montón de etcéteras.

Ustedes dirán (con toda razón) que eso no le importa a nadie. Es muy cierto. En éste post no encontrarán nada que valga dos cobres, solo un par de reflexiones al pedo sobre el proceso que llevó a que hoy pueda hablar de un montón de temas raros con los amigos, quedar como una ecologista sin serlo, y reafirmar aún más la vieja y popular frase “Inesita está loquita”.

¿Por qué escribir sobre el asunto?, paso a explicarles: el mes pasado terminé de pagar el crédito de Caja Nacional que usé para comprar la casa de Montevideo. Además, el mes pasado cumplí 40. No es que me haya puesto de grandes balances, pero si me dió por mirar para atrás un poco, en mis ratos libres. Nada de reflexiones sesudas sobre la vida y mi contribución a la sociedad y a la causa (que ha sido bien poca y será aún menor a medida que mi vagués crónica aumente).

Nop. Solo me agarró la viaraza por preguntarme cómo cornos empezó el proceso que terminó conmigo mudandome a Treinta y Tres… o más exactamente, ¿cuándo me dió por empezar a leer sobre construcción y otras yerbas?

Porque les cuento, desde el 2000 que tengo computadora en casa, y desde el 2004 o por ahí que tengo conexión de adsl. Y desde entonces que tengo la costumbre de pasarme un promedio de 6 a 8 horas diarias frente a la compu. Pero solo en 2009 me dió por investigar a fondo estos temas “verdes”.

La cosa requiere un poco de historia previa para entender el contexto. En 1993 ingresé a la Facultad de Humanidades a estudiar Filosofía (si, Filosofía, la vocación de vaga viene de años). La experiencia me dejó muchas cosas útiles (no un título, me temo, para decepción de mi vieja), entre las más importantes, me dejó un método de investigación marcado a fuego en la cabeza. Y amor por la rigurosidad y por citar correctamente las fuentes, y una insaciable curiosidad por leer de los temas más insólitos, desde Historia Medieval a evolución humana. También me dejó un amor grande por el cine (no me lo dió la Facultad sino Cinemateca, pero como fue en la misma época lo menciono aquí).

¿Qué tiene eso que ver con la historia que venía contando? Pues la cosa es así: Cuando compré mi primer computadora ya no iba a Facultad. Trabajaba muchas horas en una oficina muy estresante, asi que usé la máquina como amansa-loco personal. Hooooooooooras de Age of Empires pasé frente a esa máquina. Age of Empires es la mejor creación del imperio de Bill Gates, el mejor video juego de acción en tiempo real que existe. Es un excelente calma-nervios además. Y yo arrugo jugandolo. Que vengan los de la otra civilización a atacarme nomás, y les doy pa’ que tengan :)

Los dos ‘Age of Empires’ y sus expansiones… ah, maravillosos

Pero como no tenía internet mi actividad era más limitada. Y entonces (ta-tan), mi hermano se fue a trabajar un año al extranjero y yo conecté adsl para poder comunicarme con él. Y ahí pasé de tres horas por día en la compu, a ocho. Hay tanta cosa interesante que se puede conseguir en internet. Películas de todo tipo (clásicos de los que me gustan a mí, como Kurosawa y cine mudo, entre otros), libros en pdf, audiolibros, comics… y podcast, foros, chats (que los odio), y millones de páginas llenas de datos que pueden fascinar a una chusma con pretensiones de sabihonda como yo.

Y en eso anduve como cinco años, mirando películas y series, leyendo cientos de libros en la PC, escuchando horas de audiolibros y clases de facultades extranjeras (todo en mp3 y en inglés). Horas con los podcast de Harry Potter, muy útiles para aprender a entender el inglés coloquial y los infernales acentos de algunas zonas de EEUU (un entrenamiento de oido que mamita que lo tiró, hasta ahora lo aprovecho). Y cientos de horas leyendo sobre prehistoria en general y neolítico en particular. ¿Por qué los estoy aburriendo con esta lista? Porque no llegué hasta acá asi nomás, fue un proceso.

Proceso que se aceleró a finales de 2009 cuando conocí a alguna gente muy interesante a través de los foros de Criminal Minds (la serie de CBS sobre un equipo del FBI que caza asesinos en serie). Entre otra gente interesante, ahí conocí a Barbara. Una gótica que adora escribir y que escribe mucho sobre vampiros. Pero vampiros de verdad, de los que meten miedo.

Y ella odiaba, OOOOOOOOODIABA, los libros de Stephenie Meyer, la saga Crepúsculo. Y como los libros de la saga (y las películas que se basan en ellos), eran tema común en internet, decidí leerlos para poder opinar con conocimiento de causa.

Las insufribles creaciones de la Meyer en todo su esplendor

Los conseguí en PDF (no pregunten cómo, “menos pregunta Dios y más perdona“, dicen en mi pueblo). Una suerte que no gastara dos cobres en comprar el formato papel. Unas reverendas porquerías. Llenos de personajes mediopelo, manipuladores y metiches, o de mensajes conservadores (la Meyer no puede esconder que es mormona, que lo tiró). La heroína de estas historias es una adolescente buenísima y aburridísima pero taaaaan especial que todos se enamoran de ella, incluidos un vampiro manipulador y sin gracia y un hombre-lobo indio mucho más divertido que el otro pretendiente, pero que demuestra ser igual de tarado al no poderse resistir a los “encantos” de Bella.

Basura para que los adolescentes románticos sean felices leyendo y hagan rica a una autora mediocre, en otras palabras.

Un embole de proporciones bíblicas, se podrán imaginar (sobre todo porque la buena señora lleva escritos seis libros). Pero una vez que arranco a leer, si me propuse terminar, lo hago a menos que el libro me irrite demasiado. Estas novelas solo son mediocres, llenas de argumentos malos y personajes aburridos con los que no te identificás, pero no llegan a sacarte de quicio (bueno, cuando hace apología de la virginidad mientras el vampiro de turno se come un bicho por semana, irrita un poquitín).

Pero igual los leí (bueno, leí cinco de los seis que escribió, y confieso que me salteé algunos pedazos particularmente edulcorados, pero sepan entender).

He de confesar que me llevó como tres semanas (comparen con los Harry Potter que son más grandes y ninguno me llevó más de dos días). Pero es que en el medio paraba para buscar otras cosas en internet (mis neuronas se merecían un descanso de tanto discurso mediocre, pobrecitas).

Y esas pausas las hice porque hay que reconocer que la Meyer si hizo una cosa bien de bien: Situó la historia en Forks, estado de Washington, EEUU.

Lo mejor que saqué de la saga Crepúsculo (además de confirmar que con suficiente entrenamiento se puede leer de todo por insufrible que sea), fue descubrir el estado de Washington, en EEUU. Que queda lejísimo de la ciudad capital, de hecho queda del otro lado del territorio, en el norte y el oeste.

Bien al norte: Washington State

Pues los líbros transcurren en la Península Olímpica, bien al norte de la costa oeste. ¿Y por qué situó la historia ahí? Bueno, en Forks hay un 80% de días nublados, cosa imprescindible para Meyer porque sus vampiros andan olímpicamente de día y no se vuelven cenizas. Pero brillan al sol (si, BRILLAN como si tuvieran brillantina pegada a la piel, será de Dios). Y necesitaba un lugar muuuy nublado. Y la Olympic Peninsula en el extremo noroeste de EEUU es una zona con un porcentaje altísimo de días nublados, asi que ahí puso a sus vampiros ricos y a su tribu de indios que se vuelven lobos gigantes, y a la buenota de Bella con el retrógrado de Charlie, su papi.

Y ese dato lo sé gracias a que mi entrenamiento de años de facultad me compelía a buscar más información, a ver fotos o imágenes del tal pueblito Forks ese y los bosques impenetrables de los que habla la Meyer. Asi que terminé leyendo un montón de ese estado.

Pinos (cedros) de 30 metros de alto, en la US101 (esos bosques meten miedo)

Y saltando de página en página, me tropecé con una página web que fue el comienzo de toda esta “investigación” que termina en éste blog.

La página se llama Coyote Cottage y es una pequeña joya. Un matrimonio que decide irse con su pequeño hijo a vivir a la zona más desierta de Washington State, en una pequeña cabaña autosuficiente en el medio de la nada. Ese fue el primer blog de verdad que leí de cabo a rabo. Y adoré cada parte del proceso, porque es corto, y tiene unas fotos excelentes, pero sobre todo porque la casa que construyeron y en la que vivieron años está basada en una concepción de vida que tiene mucho que ver con mi propia manera de ver el mundo. Sencillo, amigable con el medio ambiente, en contacto con la naturaleza.

Asi que fue Stephenie Meyer poniendo sus aburridisimos vampiros en la Olympic Peninsula la que inició todo este proceso. Sin ella yo no habría entrado nunca a Google Earth buscando esa parte recóndita del mundo, no me habría enterado que tiene unos paisajes alucinantes (todo el noreste de EEUU tiene paisajes de esos que te dejan mudo).

Lago Quinault en la Península Olímpica, WA (por suerte, libre de vampiros)

Después de Coyote Cottage salté a una investigación vertiginosa sobre cabañas de este tipo, sobre estufas de alto rendimiento y sobre cocinas a leña de las de ellos (mucho más lindas que las de acá, prometo hacer un post para los curiosos un día de estos).

No permitan que el término “investigación” los lleve al error de pensar que me volqué a averiguar cosas de puro intelectual que soy. Nada más erroneo. Es puro amor por el chusmerío, solo que a mi me da por averiguar sobre cosas más interesantes que la vida del vecino (que invariablemente es aburridísima y a veces es mediocre, además).

Lo que yo poseo es una vieja habilidad que logré conservar a pesar del paso de los años. Una habilidad que posee cualquier niño de seis años: la habilidad de usar mi imaginación e inventarme mundos fantásticos para mi deleite personal. Cuando tenía ocho, los gurises de la barra de COVIOL jugabamos a que eramos exploradores en la selva (y explorabamos el zanjón del fondo de casa a conciencia, cazando renacuajos y llenandonos de barro… ah, que épocas). Ahora con 40 mis divagues son un poco más sesudos pero igual de vívidos. Todos arrancan de la misma premisa: tengo mucha plata y puedo hacer lo que quiera. Y a partír de ahí puedo volarme a donde se me cante, ser un turista en Pompeya, por ejemplo. Y aunque el tour sea solo virtual y visto por la computadora, nada me impide imaginarme comiendo espaguettis en una Trattoria al final de un agotador día de paseo arqueológico. Todo sin mover el traste del sillón con almohadoncito. Ya sé, algún psicólogo debe tener un nombre muy científico para eso y probablemente me catalogue de tarada de verdad (por tener una tara, quiero decir).

No me importa ni un comino, y no me da ni un poco de vergüenza admitirlo. Mi imaginación funciona como un motor que ayuda a motivar toda clase de busquedas interesantes, y al final termino sabiendo una cosa o dos que no sabía… todo mientras me divierto un montón imaginando detalles inverosímiles para decorar el aprendizaje. No me toco con esa afirmación popular (errada, como la mayoría de los prejuicios que andan en la vuelta) de que solo los niños tienen permiso para jugar a ser piratas o bandidos o tripulantes de una nave espacial. Todos podemos jugar en nuestras cabezas a ser lo que se nos antoje, lo único que hay que hacer es tener los dos pies bien en tierra y saber que es un juego mental que no tiene ninguna conexión con el mundo real (que es aburridísimo, pero que se le va a hacer).

Asi que después de descubrir Coyote Cottage me puse a diseñar una vivienda a mi entero gusto, situada en Washington State (recuerden que partí de la base que soy rica y puedo vivir donde se me cante).

Y lo que aprendí en ese proceso no tiene nombre. Porque la chusma que hay en mí, una vez que arranca, no hay quien la pare. Y diseñar una casa da todo tipo de posibilidades para investigar y leer hasta quedar con los ojos chiquitos. Asi que me sumergí de cabeza.

Necesitaba darle un estilo, asi que aprendí de arquitectura del noroeste americano. Quería que fuera ecológica, asi que me sumergí durante semanas en sesudas lecturas sobre energía alternativa y cómo generarla. Puedo darles charlas sobre molinos de viento y paneles solares y (mi gran amor) norias. O molinos de agua, como les quieran llamar.

. Glade Creek Grist Mill, VIRGINIA, USA

Buscando planos me enamoré del estilo de diseño arquitectónico de los yankis, y buscando información sobre cómo construirla descubrí los materiales prefabricados y la aislación excelente que se le puede poner a una casa.

Buscando muebles y cosas para la casa imaginaria fue que me topé con las estufas de alto rendimiento y las cocinas a leña (y con los amish y la vida rural de medio-oeste norteamericano). Aprendí montones acerca de reglamentaciones de construcción yankis, de parques y áreas protegidas, del Servicio Forestal de Estados Unidos, y de torres de vigilancia de incendios (entre otro montón de cosas). Ya sé, no se necesita la mitad de esa información para diseñar una casa imaginaria. Sepan entender que en realidad tengo 40 y me porto como una señora de 40, asi que me engancho en un proyecto y como no tiene el menor apuro me paso días leyendo de lo que se me antoja. Cualquier cosa que suscite mi curiosidad o llame la atención de la chusma que llevo adentro.

Cocina con heladera y cocina a leña Hearthland. BE-LLE-ZAS

Fue un proceso de muchos meses. Aprendí de las cosas más insólitas, desde hacer planitos en Paint (dios bendiga al que diseñó ese programa para nenes, una maravilla de sencillez), hasta jardinería orgánica y cómo distribuir los espacios interiores y exteriores de una casa para que sea más cómoda.

Me enamoré de varias cosas insólitas que pienso aplicar en mi casa, por ejemplo, jardinería para vagos.

Los Cottage Gardens de los ingleses, que plantan flores y plantas varias, todo tan junto que no hay lugar para que crezca el pasto. Y los jardines salvajes tan de moda en el norte de EEUU. Ah si, son la nueva tendencia: los Wild Flower Gardens o Butterfly Garden, como le dicen los yankis, hechos con flores autóctonas (los atrevidos le dirían montón de yuyos, yo los llamo jardines para picaflores). Quedan divinos, semillan solos, se cuidan solos… ah, un jardín para vagos como yo.

Un jardín de flores salvajes en todo su esplendor

Un jardín de flores salvajes en todo su esplendor

Por eso siempre digo que en internet hay respuestas para todo, solo hay que buscar.

Y también descubrí blogs de gente que se había largado a vivir la vida de una manera poco convencional. Y ese es el verdadero motivo de escribir este larguísimo post introductorio. En los posts siguientes pienso recomendar algunos de esos blogs y páginas webs que me mostraron un mundo enoooorme de posibilidades. La mayoría de las páginas está en inglés, pero vale la pena hacer uno o dos post con mini-resumenes para que los curiosos puedan darles una ojeadita (todos tienen unas fotos muy buenas).

Y ta, ahora si, terminé esta introducción. Saludos.

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Un comentario el “NAVEGANDO (1): Introducción (o La culpa es de Stephenie Meyer)

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Esta entrada fue publicada el 28 octubre, 2011 por en Mundo Web, PERSONAL.

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